Que puedo decir, no he hecho nada de mi vida, me dedique sólo a parasitar, incapaz de estar en soledad por mucho tiempo me aferre a cualquier cosa que pudiera, busqué amantes temporales que sólo dejaron un vacío aún mas profundo en mi pecho. Desde la infancia estuve al apego de mi familia, pero con el tiempo las relaciones afectuosas suelen cambiar; conforme envejeces dejas de ser una cría y te conviertes en el adulto que debe dejar el nido sí o sí.

Sin embargo cuando las cosas no resultan como las has ido planeando desde la infancia, las frustraciones llenan tu mente de basura, los demonios comienzan a susurrarte cosas al oído, te dicen lo inútil que eres, que no eres nada, no sirves, nadie te quiere, eres horrible, tienes sobrepeso, eres un esqueleto, no vale la pena seguir, nadie te ve, así van invadiendo la mente. Susurros que no callan aunque te tapes los oídos. Las pesadillas se vuelven más frecuentes, llega un punto en el que no distingues que es real y que es un sueño, es un adormecimiento que te braza como una cobija caliente.

Sin trabajo, sin completar estudios, incapaz de completar lo que he iniciado, un poema, un cuento, una obra de arte, sin deseos de hacer nada, buscando amor en lugares equivocados, con personas equivocadas, adoptando obsesiones con quien no me merecía, a veces dudando de mi propia existencia. Fortaleciendo a esos demonios que me rodean, ya no caben en mi habitación, son demasiados, me desgarran por dentro, son como gusanos devorándome en vida, los puedo sentir debajo de mi piel moviéndose, escucho como mastican mi carne, pero mi adormecimiento es tal que ya no puedo sentir el dolor, únicamente el agujero negro en mi pecho que año con año se va ensanchando amenazando con devorarme.

Cuando busqué terapia, justo ese día declararon cuarentena en mi país, dejando mi vacilante alma casi apagada, nunca quise ayuda pues sabía que la cura estaba en mi, que lo que debía hacer era matar uno por uno a mis demonios, destrozar con mis propias manos a esas despreciables criaturas. Luché en mis pesadillas contra muchos de ellos, pero ya eran una legión comandada por pereza y lujuria. Todo iba bien, comenzaba a ganar terreno, pero el encierro les ha otorgado el triunfo, ahora estoy débil y agonizo, el insomnio y el sueño se pelean por poseerme, cuantas noches ha ganado la partida el primero y otros días el segundo no me deja salir de cama.

Tengo tantos pendientes por hacer y simplemente me he abandonado, no los he hecho y no creo hacerlos, estoy por cumplir el plazo que me impuse; tiempo atrás me prometí que si cumplía 40 años sin haber logrado absolutamente nada, mandaría todo al demonio, estoy consiente que la selva dolorosa me espera, pero tengo palabra y acepto las consecuencias de mis actos, los dioses me perdonen por ello, pero el cansancio que se apodero de mi cuerpo y mi espíritu es como el de alguien que ha vivido por muchos años, mi alma ha envejecido mucho antes que su recipiente. Se que quizá con mi parida heriré a los que dicen amarme, fue por ellos que acepté vivir más tiempo, pero he llegado al punto sin retorno. Simplemente ya no me importa su dolor, quizá por que ellos no fueron capaces de comprender mi situación, prefirieron mirar a otro lado o tomarme a broma.

Ahora que estoy afuera bajo el cobijo de un bello paisaje boscoso, siento una extraña paz interior, como si esto fuera lo que siempre había estado esperando mi espíritu. Fui un repugnante gusano alimentándome vorazmente de todo, consumiéndome por dentro y con el tiempo construí mi capullo con los demonios que me fueron envolviendo convirtiéndome en una crisálida, así quede en un estado de vida latente. Pero ha llegado el momento de salir, mis manos sudan siento un cosquilleo en mis palmas, siento el filo de la daga con la yema de los dedos, una extraña euforia y adrenalina recorren mi cuerpo.

Hoy hace exactamente hace 40 años dí mi primer grito de vida y estuve en los brazos de mi madre por primera vez, probé su dulce leche que me alimentó, vi su rostro cansado por el esfuerzo sobrehumano para sacarme de su cálido vientre. Mis ojos se humedecen al pensar en ello, pues ahora en la soledad de este lugar cortare las cadenas que me encierran en esta prisión de carne, es tiempo, contemplo la hoja afilada con la punta hacia mi, por un momento mi instinto te auto-preservación me congela, pero ya lo he decidido. Cierro los ojos y un dolor intenso en mi cuello me invade, no pienso acobardarme ahora, no puedo gritar por que la sangre me ahoga, intento inspirar para armarme de mas valor y ampliar la herida. Muevo más la navaja, mis ojos están abiertos, mi propia sangre me llena la boca, percibo su sabor a cobre, me retuerzo por el dolor, pero ¿acaso no hice lo mismo al nacer?¿las mariposas no luchan por salir de su capullo? Estoy débil, no veo mi vida pasar ante mis ojo como dicen que pasa, siento desesperación, miedo, mucho dolor, esto no es lo que esperaba. Pero nunca lo es.

Adiós hermosa tierra en agonía, te ofrezco mi sangre para regar tus plantas, mi cuerpo es tuyo ahora, me espera el eterno castigo por mis actos, pero aun así te compadezco, eres más vieja que yo y aún estas enferma de nosotros, los que te ultrajamos y torturamos sin piedad, tu seguirás sufriendo en vida. Nunca hice nada por ti, nunca pensé que podría hacer la diferencia y ahora mi cuerpo reposará en tu interior, se descompondrá, servirá de alimento a las alimañas y perdurara en un ciclo de transformaciones pues no se destruirá nunca, sólo cambiara una y otra vez mientras mi alma grita eternamente en la oscura y putrida selva dolorosa de los suicidas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: