En cuanto la luna se asomó en el cielo, Alexander empezó a sentir mucho dolor en todo su cuerpo. Su piel empezó a dolerle y él se retorcía en el piso, la boca le salivaba y no paraba de sudar.

Llegó a tal punto su desesperación que comenzó a desgarrase la carne con las uñas, al tiempo que emitía unos escalofriantes alaridos de agonía. La boca, los dientes y otras partes de su cuerpo comenzaron a deformarse de una forma extraña.

Mientras tanto su madre que lo había estado observando desde que todo comenzó, permanecía impasible esperando. De pronto con una voz tranquila le dijo al joven que no paraba de cambiar y retorcerse en el piso – tranquilo Alex, la primera vez siempre es incomoda. Después ya no sentirás dolor-

Cuando todo terminó, Alexander se levantó lentamente, sin embargo ya no quedaban vestigios de lo que alguna vez fue. Se sacudió y comenzó a aullarle a la luna.

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