Todo empezó cuando inició el semestre, mientras tomaba mi primer clase, tuve la sensación de que alguien me veía, volví mi cabeza en dirección a la puerta y ahí estaba; inmediatamente regresé la mirada hacia el profesor que impartía la clase. Pensé que era producto de mi imaginación, sin embargo seguía percibiendo a esa persona. Aprovechando la participación de una compañera dirigí nuevamente mi atención hacia la puerta pretendiendo escuchar lo que decía. Ahí seguía, esbozando una leve sonrisa, incluso movió la mano en un tímido saludo. Mi rostro era inexpresivo, pero en mi interior nacía una gran inquietud ¿Quién era y por qué parecía como si me conociera? Pensé que al terminar la clase me hablaría, quizá habíamos tomado clase juntos o algo así, pero no, no dijo nada ni tampoco hizo un ademán de querer decirme algo, sólo se limitó a observar mientras platicaba con algunos compañeros.
Otra vez le he visto, se han vuelto más frecuentes sus apariciones, para mi desgracia esa persona toma clase en el mismo salón después de mi. Se para junto a la puerta haciendo que espera a que salgan mis compañeros, cuando paso a su lado no dice absolutamente nada, se limita a observarme a la distancia. Pero últimamente se ha ido acercando poco a poco, lo peor de todo es que nadie más que yo parece interesarle. Recuerdo que a uno de mis compañeros le señalé a la persona que me acechaba, pero me había dicho que quizá me lo estaba imaginando, incluso pensó que intentaba hacerle una broma, le insistí que no era broma, pero cuando vi que no me creía lo mandé al diablo y preferí cambiar de tema. Mis amigos piensan que es paranoia, pero no tengo certeza de ello, quizá tienen razón y estoy mal pensando las cosas, quizá sólo es mera casualidad.
El otro día iba tarde a mi clase, al llegar le ví en el sitio que suelo ocupar, al fondo del salón, estaba tranquilamente platicando con unos compañeros. Se me erizó la piel, pero mantuve la calma, decidí sentarme cerca de la entrada junto a la puerta y mantener la compostura, aunque por dentro me notaba temblar. No podía creer lo que estaba pasando el profesor comenzó a pasar lista y yo me quería morir pues ahora conocía mi nombre. Este notó su presencia y le preguntó qué hacía ahí, que si no era del grupo de los martes y jueves, a lo que respondió que le gustaba tanto su clase que había decidido quedarse, obviamente no le creyó, a lo que le comentó que sus amigos le habían invitado a entrar. Yo sabía que era mentira, la incomodidad me invadía, pero también un sentimiento de enojo y frustración. Quería decirle al profesor que esa persona me acechaba pero corría el riesgo de que me desmintiera y quedar como alguien con delirio de persecusión, un poco después de haber escuchado mi nombre, aquella persona decidió irse.
Terminó la clase y ahí estaba, afuera del salón, salí lo más rápido posible y me encontré con un amigo, él iba saliendo para fumar un poco, lo acompañé y le conté todo lo acontecido en la clase. Permaneció un momento observándome con incredulidad, dijo que podría ser coincidencia, que probablemente me estaba sugestionando, pero volví a sentir su mirada, ahí estaba observando desde adentro, camine a un lado de mi amigo para tapar su visión con la puerta de acceso a la uni. Los nervios comenzaron a invadirme, le dije casi con histeria que ahí estaba, por fin mi amigo me creyó, sentí alivio de saber que por fin alguien me creía. Los compañeros que supuestamente lo habían invitado a la clase se unieron a él y pasaron junto a nosotros, lo que me causó cierta tranquilidad, pues supuse que no lo vería más.
Cuando entré de vuelta con mi amigo la calma regresó a mí, cuán inocente fui, me encontré a otros amigos con los que me quedé platicando, después de un rato salí una vez más con ellos a un lado de la entrada de la universidad, nos pusimos a cotorrear de lo más tranquilo, de reojo le vi cruzar la calle en nuestra dirección, los nervios regresaron también, la inquietud volvió a invadirme, la rabia de no poder reclamar, pues a fin de cuentas no estaba haciendo nada, no interactuaba y yo quedaría como alguien con histeria. Les conté en ese momento a mis amigos mi situación, al igual que el anterior, no me creyeron al principio. Estuvimos unos minutos más platicando hasta que entramos a las instalaciones y nos sentamos en una de las jardineras. Como hora y media después de que pasara junto a nosotros venía bajando las escaleras en el extremo opuesto del patio, se sentó con toda naturalidad en la jardinera con vista hacia nosotros y pretendió leer un libro, yo sabía que no era así.
Hoy uno de mis mejores amigos no pudo quedarse conmigo a la hora de la salida por lo que tocaba ir en solitario, tenía una sensación de inquietud, como un temblor bajo la piel, respiraba y exhalaba para relajarme mientras iba hacia la esquina para cruzar la calle. Esperé paciente a que me permitan el paso, como maldición hay un chingo de tráfico, pinches carros, ni pichan, ni cachan, ni dejan batear, tengo la sensación de tener a alguien junto a mí, volteo y se me congela la sangre, está a mi lado viéndome fijamente con una tétrica sonrisa. Le miro con asco y enojo, cruza la calle antes que yo caminando por la acera que me lleva al metro. Cruzo con paso rápido por la acera opuesta, doblo la esquina y me recargo al lado de un puestecillo con el pretexto de contestar un mensaje, pero también para cerciorarme de que no me estuviera siguiendo. Me coloco los audífonos para escuchar mi música, me dirijo hacia el metro, bajo las escaleras y antes de llegar a los torniquetes, una mano toca mi hombro, la piel se me eriza nuevamente y volteo con un poco de exaltación, eran una parejita de compañeros que querían pedirme que los pasara y que ellos me daban lo de su boleto… Pinche susto que me llevé.
Aquella noche llegué temblando a casa, no podía quitarme de la mente aquel siniestro rostro, lo que más me aterraba era la proximidad, había tenido la osadía de pararse junto a mi. Al día siguiente decidí faltar a clases por temor, no suelo acobardarme tan fácilmente, sin embargo, aquel encuentro me había perturbado significativamente. Pasé mi día meditando sobre la situación, quizá debería hablar con alguien pero ¿Con quién? Lo mejor será no pensar en ello, total, mañana será otro día y tendré más calma. Los siguientes días pasaron sin pena ni gloria, sentí algo de alivio pues creí que por fin me habían dejado en paz, ya no se había parado afuera del salón como siempre y no había señales de su presencia, al menos que yo me diera cuenta. Esos días pude sentir una tranquilidad que no había podido tener desde que había empezado el semestre, tomaba mis clases, comía con mis amigos en la cafetería del plantel, todo estaba bien.
Hoy desperté con un mal presentimiento, era como si todo a mi alrededor estuviera mal, un escalofrío me recorría el cuerpo, pero no podía seguir faltando a clases, me había ido un par de veces de pinta con los cuates y ya era tiempo de ponerme las pilas, después de todo no quería volverme a atrasar con mis materias. Me preparé para ir a la universidad, me bañe y al lavarme los dientes las encías comenzaron a sangrarme, eso normalmente me sucede cuando no va a ser un buen día, por lo que mi inquietud se incrementó. No lo sé, creo que a veces me dejo llevar por la superstición, aunque quizá por mera casualidad o quién sabe por qué, pero esas veces en las que ocurre lo de la sangre, me va de la chingada. Terminé de arreglarme y estaba todo listo para irme, me senté un momento en la orilla de mi cama pensando, el tiempo comenzó a agotarse, aún podía llegar a tiempo. Me armé de valor pensando que era una tontería seguir comiéndome la cabeza con pendejadas, así que decidí salir de casa.
Claro tenía que pasar, justo cuando estoy en la puerta del edificio donde vivo, me doy cuenta que no traigo mi reloj, por lo que debo regresar al departamento, me lo pongo y salgo de nuevo; esta vez mi cartera, luego mi cuaderno. Me regreso como cinco veces, ahora siento enojo por no ser capaz de tener mis cosas en orden, aunque en el fondo sé que hoy será uno de esos días en los que nada sale bien. Estuve puntual en mi clase y todo parece un día normal, supongo que sobrepienso todo, además ahora estoy con mis amigos y no hay señales de la sombra que me acecha. Tal parece que hay una campaña de lucha contra el acoso y violencia de género en el patio. Odio sentirme débil, se que no soy alguien que no se sabe defender, pero siento que esto me sobrepasa, además no pierdo nada con informarme ¿Cierto?
Por fin llegué al metro, abordé de milagro pues había un chingo de gente, todos se apretujaban entre sí y para colmo el ventilador no funciona, me lleva la chingada. De pronto siento una mirada penetrante, la sangre se me heló, junto a mi se encontraba esa odiosa persona, enseñando los dientes en una mueca que pretendía una sonrisa. La desesperación se apoderó de mí, siento que el aire me falta y el calor es tan insoportable que comienzo a sudar como si estuviera en un sauna. Mi viaje es largo y no sé qué hacer ¿Debería bajarme y esperar otro metro? Nel, son las once de la noche y no quiero llegar más tarde por esa repulsiva persona además ya quiero llegar a descansar. Aunque quizá sea buena idea cambiar de vagón, ahora que se detenga bajare para que crea que llegue a mi destino y cambiaré de carro.
Maldita sea, se coló conmigo justo antes de que se cerrara la puerta, tiene una puta sonrisa triunfal en su maldito rostro, siento mucha rabia, quisiera decirle un buen de cosas, pero no me atrevo, después de todo quedaré como alguien que agrede sin razón. Pero también le dejaría en evidencia. Maldito calor, no paro de sudar es como si estuviera en un puto temazcal pero apestoso de sudores ajenos, quizá deba resignarme… No, ni madres, ya sé lo que voy a hacer, transbordaré aunque tenga que dar un rodeo, además si me sigue lo reportare con un policía, sí eso haré. No puede ser, no veo a ninguno, casi salí corriendo del andén y no veo a ningún pinche poli, me vale voy a salir y tomar un taxi.
Alex caminaba con paso acelerado por el metro intentando deshacerse de su acechante, en determinado momento se detuvo frente a una vitrina que mostraba obras de arte, no por apreciación, fue con la firme intención asegurarse de que ya no le seguían. Miró con detenimiento a las personas que se reflejaban a través del cristal y sintió un poco de alivio pues no veía a quien le seguía desde hace un tiempo. Sin embargo aún tenía ese mal presentimiento que le acompañó desde que despertó, esa sensación de inquietud que le hacía saber que debía tener cuidado. Por un momento pensó en regresar a los andenes para proseguir su camino a casa, pero por alguna razón decidió salir a tomar un Über o un Didi, sentía un cansancio mental, no tenía ganas de estar en un vagón lleno de gente y que le tocara ir de pie, pues sabía que en esa estación subía más gente que la que bajaba. Volvió a retomar su paso rápido para salir pero al mismo tiempo para checar si había algún policía por el camino, sólo por precaución. Como era de esperar, no había ninguno, ni siquiera en los torniquetes donde suele haber por lo menos uno, eso le aumentó el enojo que ya de por sí sentía por la situación vivida.
Una vez afuera del metro decidió pedir su transporte, pero sin alejarse de la entrada pues pensaba que era más seguro quedarse ahí donde en teoría debía haber más gente, sin embargo había elegido muy mal la salida, pues era la menos concurrida y para colmo tenía muy mala pinta, un sentimiento de angustia se asomó en su interior. Le invadieron unas ganas de llorar pero no por miedo más bien por frustración y mucho coraje, odiaba profundamente a la persona que le tenía así, se prometió que al día siguiente sin importar lo que pasara iba a denunciarle. No permitiría que esa situación continuara por más tiempo, mientras pensaba eso checaba las tarifas en las aplicaciones, eran ridículas para la distancia a la que se encontraba.
Por un momento consideró tomar un taxi, pero la idea de que le tocara un cabrón con el taxímetro manipulado, un imbécil de sitio o el típico que ni se molestaba en llevarlo le molestó aún más. Quería desquitarse con el primero que se le atravesara, finalmente optó por regresar a los andenes y no complicarse más la vida, además ya era muy noche y no era buena idea que se hiciera más tarde. Cuando se giró hacia las escaleras, un frío recorrió su espina dorsal, la persona de la que tanto se había escabullido venía subiendo por las escaleras, por un momento se paralizó, no sabía qué hacer o a dónde ir, era una locura, como una broma de muy mal gusto.
Se pasó la mano por el cabello y recordó la otra entrada que se encontraba al otro lado de la calle, pero justo cuando iba a dar el paso sintió que una mano le sujetaba la muñeca, no pudo ni soltar un grito cuando ya tenía una mano cubriendo su naríz y boca. un dolor punzante le recorrió el cuello mientras intentaba inútilmente forcejear con su atacante, era mucho más fuerte y más grande. Sintió como las fuerzas le iban abandonando poco a poco mientras una serie de recuerdos comenzaban a brotar en su mente. Su niñez, aquella que tanto había disfrutado, como cuando iba a ver a unos venados en cautiverio a los que solía alimentar. Recordó al perrito callejero que le seguía cuando iba a casa en compañía de su madre y lo mucho que le rogó a ella para que lo adoptaran, que aunque ella se oponía terminaron llevándolo a casa y después de un buen baño quedaba como una bolita de algodón. También recordó cuando jugaba con sus hermanos mayores y lo mucho que se divertía, a su padre al que casi no veía por su trabajo pero que quería mucho. Tantos recuerdos y memorias que se iban perdiendo como granos de sal en el mar, un mar en el que se iba sumergiendo lentamente, las lágrimas cálidas recorrían su rostro que palidecía por la pérdida de sangre, llevó su mano al cuello y pudo sentir una abertura de la que se escapaba su sangre y su propia vida
Al día siguiente comenzaron a circular imágenes de una persona joven que fue brutalmente asesinada, se supo más tarde que había sido un estudiante que solía acechar a la víctima, desafortunadamente había logrado escapar y nadie sabía su paradero. Tampoco es que la policía fuera muy buena atrapando criminales, la justicia no es más que una palabra que brota en los labios de muchos pero que rara vez se ejerce. Los amigos de la víctima testificaron que ésta les había indicado su situación, que le habían aconsejado que denunciara lo que le pasaba, pero se había negado en reiteradas ocasiones por falta de pruebas, sin embargo no fueron capaces de describir al perpetrador, pues lo habían visto de lejos y muy pocas veces. La universidad estuvo de luto, se hicieron marchas y se pegaron carteles exigiendo justicia, se podía ver el rostro de Alex en carteles pegados en las paredes del plantel. Con el tiempo todo se fue calmando, se supo el nombre del homicida, se hizo una búsqueda, los medios de comunicación hicieron lo mejor que saben hacer, sacar provecho de la situación y atosigar a la familia de la víctima y tergiversar todo. Al final las marchas y el revuelo del momento fueron desapareciendo con el tiempo, Alex no fue más que otra imagen en el muro del plantel y una historia más que nunca tuvo justicia.
Hey people!!!!!
Good mood and good luck to everyone!!!!!